Tras el cierre de las audiencias testimoniales en el Jury de Enjuiciamiento contra los fiscales Di Santo, Miralles y Pizarro, el abogado de la familia Macarrón, Gustavo Liebau, expresó su malestar por el rumbo que tomó el debate. Si bien destacó la labor del Tribunal y de la Fiscalía General, subrayó el profundo dolor de la familia ante lo presenciado en la Legislatura.
Concluyó la última audiencia de testimonios del Jury de Enjuiciamiento contra los fiscales Di Santo, Miralles y Pizarro. El punto de mayor fricción para la querella radica en cómo los fiscales acusados han justificado su desempeño.
El abogado de la familia Macarrón, Gustavo Liebau, dijo que la defensa se centró en desacreditar el trabajo de otros colegas y en poner mantos de duda sobre la prueba que hoy tiene a un nuevo sospechoso (Bárzola) imputado por delitos graves.
"Entiendo el derecho de defensa, pero recaer en ese tipo de cuestiones cuando existe algo tan importante como es la determinación de la verdad de quién violó y mató a Nora Dalmasso, no lo deberíamos haber presenciado", sentenció el letrado.
Durante la jornada, surgió el interrogante sobre un informe clave realizado por el perito Walker, el cual aparentemente contenía datos que ya figuraban en el expediente pero que no fueron profundizados en su momento. Ante la consulta sobre si la familia conocía o no dicho documento, Liebau sostuvo que, más allá de la existencia del informe, los fiscales tenían la obligación de estudiar las constancias que ya estaban en el expediente. "Ese informe no era necesario, fue un elemento más. Los fiscales debieron ver y estudiar esas constancias por sí mismos", explicó, junto a la doctora Mussolini.
A pesar de la celeridad del proceso y la conducción del Jury, la sensación para la familia Macarrón es de desazón. Liebau insistió en que "en estos momentos la familia está muy, muy dolida" por la estrategia de los fiscales en actividad de cuestionar pruebas de pares en lugar de haber avanzado con la investigación cuando el tiempo lo permitía.
Con las cartas sobre la mesa, la querella aguarda ahora los alegatos del 6 de mayo, esperando que el Tribunal pondere el desempeño de los tres magistrados en la búsqueda de justicia por un crimen que lleva casi dos décadas impune.